Si educas a borregos, oirás balidos
Una de las mayores paradojas de la sociedad actual es la que generan aquellos que se quejan de que la mayoría de la población son flojos, vagos y poco responsables, y siempre esperan que vengan otros a ayudarles, protegerles e incluso rescatarles, sin darse cuenta de que la raíz del problema es que seguimos educando a los niños para que:
Obedezcan, no piensen y así no cuestionen el statu quo.
No destaquen, y así no despierten envidia.
Tengan miedo a cometer errores, y así no ser considerados unos fracasados.
Es decir, si educamos en el aborregamiento, lo que no tiene sentido alguno es que, en paralelo, nos quejemos de que la mayoría de profesionales adultos son incapaces de asumir riesgos, o les critiquemos porque esperan que sus gobiernos y jefes les cuiden, les protejan, les guíen y les ayuden cuando las cosas van mal. Que es, precisamente, lo que se les inculca a la mayoría desde que nacen.
O somos muy incoherentes o muy imbéciles. Sí educas a los niños para que anulen su capacidad de pensamiento crítico y desarrollen el gen de la sumisión y el miedo, no esperes adultos valientes, responsables y creativos, de esos que no se ahogan en un vaso de agua y cuando vienen mal dadas dan un paso adelante, se arriesgan y, si hace falta, se lo juegan todo, confiando en sus capacidades.
Ese perfil exige de una educación muy diferente a la que damos en la mayoría de hogares y escuelas de España y los países de la región LATAM. Es decir, en la cultura latina.
No puedes educar borregos para que cuando las cosas van bien te resulte fácil conducir el rebaño y esperar que cuando las cosas vayan mal esos borregos, por ciencia infusa, se conviertan en un grupo de ávidos lobos. No es así como funciona.
Jordi Alemany
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