Cuando el problema eres tú
La gran mayoría de los que ocupan posiciones de responsabilidad esperan que la gente les siga, sin rechistar, y acate sus dictados sin cuestionar ni una coma. Temen que si permiten a sus empleados desarrollar el pensamiento crítico, puedan cuestionar su autoridad, e incluso, tomar decisiones que vayan en contra de sus intereses. Además, el desarrollo de pensadores requiere tiempo y esfuerzo. Implica invertir en aprendizaje y darles la oportunidad de poner en práctica lo aprendido, lo que, de nuevo, se percibe como un riesgo potencial para sus intereses individuales. No interesa que la gente piense, no sea que, en una de estas, se rebelen. Sin embargo, desde hace unas décadas, esto está cambiando. No por deseo de los que ocupan las posiciones de liderazgo, sino por la presión que ejercen los empleados, cada vez más capaces, preparados y con más conciencia acerca de lo que está bien, y de lo que no lo está. De lo que están dispuestos a aceptar, y de lo que no es aceptable. Por eso,...