Para liderar, ¿eliges a los humildes o a los ególatras?

 Demasiado a menudo, se espera que los líderes sean super humanos que encarnen la perfección en todas sus acciones y decisiones.

El problema con esta visión distorsionada del liderazgo no sólo es que es poco realista, sino también que resulta extraordinariamente perjudicial tanto para los líderes como para aquellos a quienes deben liderar.

A lo largo de la historia hemos construido una cultura del liderazgo basada en la imagen y la apariencia.

Los líderes están permanentemente sometidos al escrutinio público y se espera que presenten una fachada impecable en todo momento.

Esto genera la necesidad de ocultar cualquier signo de debilidad, vulnerabilidad o error, lo que, a su vez, genera una brecha entre su persona pública y su verdadera identidad.

Por eso, es importante recordar que la verdadera esencia del liderazgo radica en la capacidad de conectar con las personas y no de mostrarse superior a ellas.

Es una cuestión de humildad.

Y ser humilde no significa menospreciarse o dudar constantemente de uno mismo, sino reconocer que no tenemos todas las respuestas y que podemos aprender de los demás.

La humildad nos permite estar abiertos a nuevas ideas, valorar las contribuciones de los demás y admitir cuando nos equivocamos.

Por eso, si lideras el área de RRHH o si ocupas una posición de liderazgo, te invito a reflexionar acerca de qué criterios seguís en tu empresa para seleccionar a los futuros líderes.

Elegís a personas humildes y generosas, con suficiente inteligencia emocional, y capacidad para empatizar con los demás, o a ególatras que han rendido muy bien a nivel individual, pero carecen de las habilidades sociales y la empatía para liderar a otros desde la humildad?

Pilar Jericó comparte su visión sobre el inconformismo y el seguimiento de un camino propio, desafiando lo convencional. Únete a esta conversación inspiradora aquí y desafía tus propias percepciones

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