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Cuando el problema eres tú

  La gran mayoría de los que ocupan posiciones de responsabilidad esperan que la gente les siga, sin rechistar, y acate sus dictados sin cuestionar ni una coma. Temen que si permiten a sus empleados desarrollar el pensamiento crítico, puedan cuestionar su autoridad, e incluso, tomar decisiones que vayan en contra de sus intereses. Además, el desarrollo de pensadores requiere tiempo y esfuerzo. Implica invertir en aprendizaje y darles la oportunidad de poner en práctica lo aprendido, lo que, de nuevo, se percibe como un riesgo potencial para sus intereses individuales. No interesa que la gente piense, no sea que, en una de estas, se rebelen. Sin embargo, desde hace unas décadas, esto está cambiando. No por deseo de los que ocupan las posiciones de liderazgo, sino por la presión que ejercen los empleados, cada vez más capaces, preparados y con más conciencia acerca de lo que está bien, y de lo que no lo está. De lo que están dispuestos a aceptar, y de lo que no es aceptable. Por eso,...

De cuando el jefe no cuida su salud mental, ni la tuya

  La salud mental es como la mascarilla de oxígeno en un avión, primero debes cuidar de tener la tuya bien puesta para, después, ayudar a que los demás sepan cómo ponérsela. Al igual que en un avión, donde se nos instruye a asegurar nuestra propia máscara de oxígeno antes de ayudar a otros, los líderes deben priorizar su propia salud mental antes de promover el cuidado de la salud de sus equipos. Según el Informe de Salud Mental de la Organización Mundial de la Salud (OMS) de 2020, se estima que más de 1.000 millones de personas en todo el mundo sufren de algún tipo de trastorno mental. Esta cifra, por sí sola, debería ser suficiente para hacernos reflexionar sobre la urgencia de cuidar de nuestra propia salud mental y la de los que nos rodean. En demasiadas ocasiones el peor ejemplo es el de los líderes empresariales, que no cuidan su propia salud mental (Un buen número de ellos da un ejemplo pésimo con sus conductas) lo que contribuye a crear un entorno en el que los empleados se...

Para liderar, ¿eliges a los humildes o a los ególatras?

  Demasiado a menudo, se espera que los líderes sean super humanos que encarnen la perfección en todas sus acciones y decisiones. El problema con esta visión distorsionada del liderazgo no sólo es que es poco realista, sino también que resulta extraordinariamente perjudicial tanto para los líderes como para aquellos a quienes deben liderar. A lo largo de la historia hemos construido una cultura del liderazgo basada en la imagen y la apariencia. Los líderes están permanentemente sometidos al escrutinio público y se espera que presenten una fachada impecable en todo momento. Esto genera la necesidad de ocultar cualquier signo de debilidad, vulnerabilidad o error, lo que, a su vez, genera una brecha entre su persona pública y su verdadera identidad. Por eso, es importante recordar que la verdadera esencia del liderazgo radica en la capacidad de conectar con las personas y no de mostrarse superior a ellas. Es una cuestión de humildad. Y ser humilde no significa menospreciarse o dudar c...

¿Sientes la necesidad de vengarte de tu jefe?

Dicen que los líderes son aquellos que nunca cometen errores, que siempre tienen respuestas impecables y soluciones infalibles a todos los retos y problemas a los que se enfrentan. Desde hace siglos los humanos nos hemos instalado en la cultura del perfeccionismo, creando un modelo social y educativo que inculca que el más mínimo error será visto como un fracaso. Desde pequeños, nuestras familias y las personas de nuestro entorno más cercano se esfuerzan por enseñarnos que, en la vida, conviene mantener una imagen intachable, ocultando nuestras debilidades y mostrando al mundo exclusivamente nuestras fortalezas, ya que de lo contrario, seremos víctimas de la estigmatización y nos tildarán de perdedores. Crecemos en un baile de máscaras y apariencias, en el que, de tanto fingir, terminamos perdiendo de vista la verdadera esencial de nuestra existencia: evolucionar continuamente. Y claro, esa educación sólo contribuye a desarrollar personas carentes de humildad. Humanos que, cuando llega...

Del miedo y los enemigos que nos rodean

  Muchas empresas confunden promover la diversidad, equidad e inclusión, con contratar a todos los empleados con un mismo perfil homogéneo y decir que los tratan a todos igual. La mayoría de empresas se hacen trampas al solitario, contratando a personas que encajan perfectamente en un molde preestablecido, y siguiendo criterios de homogeneidad que socavan los principios de la diversidad, equidad e inclusión. El verdadero poder de la diversidad radica en la capacidad de desafiar nuestras mentalidades y explorar nuevas formas de pensar y hacer las cosas. Se trata de crear un entorno de trabajo que valore y respete las diferencias individuales, donde cada voz sea escuchada y donde todos tengan las mismas oportunidades de crecimiento y desarrollo, más allá de su raza, género, orientación sexual, religión o capacidad. No se trata solo de celebrar la diversidad, la equidad y la inclusión en fechas especiales, cambiando el logo o suscribiendo discursos huecos. Debemos fomentar una cultura...

Cómo es un líder genuino

  Un líder genuino es aquel que abandona la retórica hueca y se enfoca en actuar con coherencia en cada decisión. Un líder genuino asume las consecuencias de sus elecciones y se asegura de no prometer en vano. Las palabras de un líder deben ser eco de sus actos, y sus actos la materialización de sus compromisos. El problema es que en el mundo actual los discursos grandilocuentes y las promesas deslumbrantes se han convertido en moneda de cambio habitual, mientras que la integridad y la coherencia parecen relegadas a un segundo plano. El liderazgo es mucho más que una declaración de intenciones. Requiere congruencia. No se trata sólo de hablar de valores y principios, de servicio y propósito, sino de vivirlos en cada paso que se da, de ser un ejemplo de coherencia en este mundo de cartón-piedra en el que resulta tan fácil hacer promesas y tan difícil encontrar a alguien que las cumpla. Las palabras son efímeras, son las acciones las que dejan una huella para siempre en la mente de q...

AGILE es una cultura, no un pasatiempo

  Continuamente me tropiezo con empresas que me cuentan que han implantado AGILE. Con gran entusiasmo me explican que desde que acabaron la formación en AGILE realizan reuniones diarias, crean tableros Kanban y trabajan en sprints de dos semanas. Se me queda cara de tonto - más de la que ya tengo - cuando les escucho explicarme todo eso, mientras, en paralelo, y tras unas pocas horas con el equipo de dirección, compruebo que carecen de la más mínima confianza en sus empleados, que no existe la más mínima voluntad de colaboración entre áreas, o que los propios directivos tienen miedo a cuestionar las decisiones de su CEO, porque están convencidos de que si lo hacen, corren peligro. AGILE requiere crear un ambiente de trabajo en el que el cuestionamiento, la experimentación y el aprendizaje continuo sean parte del día a día, donde el liderazgo habite en toda la organización y nadie tenga miedo a reconocer errores, cuestionar el statu quo y proponer soluciones. AGILE no es algo que pu...