¿Sientes la necesidad de vengarte de tu jefe?

Dicen que los líderes son aquellos que nunca cometen errores, que siempre tienen respuestas impecables y soluciones infalibles a todos los retos y problemas a los que se enfrentan.

Desde hace siglos los humanos nos hemos instalado en la cultura del perfeccionismo, creando un modelo social y educativo que inculca que el más mínimo error será visto como un fracaso.

Desde pequeños, nuestras familias y las personas de nuestro entorno más cercano se esfuerzan por enseñarnos que, en la vida, conviene mantener una imagen intachable, ocultando nuestras debilidades y mostrando al mundo exclusivamente nuestras fortalezas, ya que de lo contrario, seremos víctimas de la estigmatización y nos tildarán de perdedores.

Crecemos en un baile de máscaras y apariencias, en el que, de tanto fingir, terminamos perdiendo de vista la verdadera esencial de nuestra existencia: evolucionar continuamente.

Y claro, esa educación sólo contribuye a desarrollar personas carentes de humildad.

Humanos que, cuando llegan a una posición de responsabilidad, se convierten en "monstruitos", ególatras y arrogantes, incapaces de disculparse o reconocer sus carencias.

Si queremos líderes más humanos, debemos educar a niños más conscientes de sus imperfecciones, que puedan crecer en entornos donde el error, el defecto y la diferencia se vean como lo que son, oportunidades de aprendizaje y desarrollo.

Aprendamos, y enseñemos, a poner en valor los defectos, errores e imperfecciones. 


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