Autoliderazgo. Sus mentiras y sus verdades.

 Ser un buen líder implica no sólo saber cómo inspirar y guiar a los demás, sino también ser capaz de liderarse a uno mismo.

Si le pides a 1000 personas que se autoevalúen en términos de autoliderazgo, 999 te responderán que su capacidad para liderarse a sí mismos es entre alta y muy alta.

Es fácil caer en esa trampa del autoengaño y pensar que dedicar tiempo a desarrollar el autoliderazgo es una pérdida de tiempo.

Sin embargo, un auténtico líder es consciente de sus limitaciones y defectos y sabe que siempre hay margen para aprender algo nuevo y mejorar su actual versión de si mismo.

Un buen líder practica la autoconciencia, la autodisciplina y la autodeterminación, que son la base del autoliderazgo.

1️⃣ La autoconciencia implica estar en sintonía con nuestras emociones, pensamientos y acciones. Es importante tomarnos el tiempo para reflexionar sobre nuestras imperfecciones, así como en nuestras fortalezas.

2️⃣ La autodisciplina es la capacidad de mantenerse enfocado en nuestras metas a largo plazo y resistir la tentación de las distracciones o los placeres momentáneos.

3️⃣ Un buen líder cuenta con una gran autodeterminación a la hora de tomar decisiones difíciles y actuar de manera coherente, aunque esto signifique ir en contra de la opinión popular o de sus propios intereses individuales en beneficio de los colectivos.

Si lideras el área de RRHH y vais a invertir en formar a vuestros mandos intermedios y ejecutivos en liderazgo, asegúrate de que el programa comienza dotando a los participantes con el conocimiento y herramientas que les permitan desarrollar su autoliderazgo.

Sin esos pilares, aspirar a convertirte en líder es una quimera.

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