Los empleados tóxicos existen, como los jefes.
Una de las cosas que más me recriminan muchos empresarios y ejecutivos es que en la gran mayoría de mis publicaciones subrayo las malas prácticas de muchos jefes, pero incido muy poco en los empleados tóxicos, que también existen.
Y es cierto, pero me parece la excusa de alguien que no es plenamente consciente de cuál es la responsabilidad de un líder.
Si en una empresa, 8 de cada 10 empleados se sienten involucrados, valorados y no tienen temor a expresarse, no hay lugar para empleados tóxicos.
Son los mismos miembros del equipo los que, con su ejemplo, establecen estándares y si alguien no cumple, simplemente lo terminan apartando del grupo.
El problema surge cuando en una empresa, 8 o más de cada 10 empleados no se sienten conectados, ni respetados, ni apreciados por su labor.
Cuando promueves la competencia insana e incentivas la desconfianza.
Por eso, cada vez que alguien me escribe diciendo: "Jordi, solo criticas a los jefes malos, ¿Qué hay de los empleados tóxicos?", siempre le hago la misma pregunta: ¿Cuántos de esos empleados tóxicos tienes y qué porcentaje representan del total?
Si la mayoría son tóxicos la raíz del problema no son ellos, sino la cultura que, los que dirigís la compañía, inculcáis y promovéis, que actúa como imán multiplicador de esa toxicidad.
La cultura es como un jardín: si plantas semillas de confianza y colaboración, las abonas con respeto, y las riegas con reconocimiento, puede que alguna semilla no germine, pero la mayoría florecerán fuertes y sanas.
Si te dedicas a plantar malas hierbas, o si te olvidas de tus responsabilidades como jardinero, lo más probable es que sean las malas hierbas las que arraiguen y terminen por marchitar al resto del jardín, convirtiéndolo en una jungla que cada vez atraerá más bichos, de todo tipo.
Si lideras el área de RRHH o si ocupas una posición de liderazgo no olvides que tu principal responsabilidad es elegir las semillas que plantas y cuidar de que todas ellas germinen fuertes y sanas.
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